Voy a comer lo que me apetezca, sin que nadie tenga que decirme lo que es correcto y lo que no. Voy a cuidarme y a comer bien, pero porque así lo quiero, por el bien de mi salud, no porque me lo diga nadie. Y con bien no me refiero a comer menos, ni a dejar de comer ciertas cosas, me refiero a BIEN. Y punto.
Que basta ya, que no soy menos mujer porque tenga estrías en mi cuerpo. ¡Que vivan las estrías, joder! Que no soy menos mujer porque tenga “barriguita”, ni porque un día se me antoje un paquete de patatas, o dos si hace falta. ¡Con lo buenas que están! Y me da igual a lo que me dedique, si me apetece, me las voy a comer.
Centrémonos en nuestras vidas y dejemos un poquito tranquilos a los demás. Que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo/vida. Que cada uno coma lo que quiera, donde y cuando quiera. Que si quiere ir al gimnasio, que vaya, que si prefiere hacer ejercicio en la cama, pues adelante. Que si quiere tener barriga que la tenga y que si quiere ser muy delgada, que lo sea también.
Que voy a seguir siendo yo. Voy a comerme la operación biquini, bueno, ya me la he comido. Porque me gusta comer, disfruto haciéndolo, y las dietas no me apetecen nada de nada. Y eso es lo que hay. Y quien me acepte así, perfecto. Quien no, que coja la puerta y se vaya. O que no mire. No necesito en mi vida a nadie que me juzgue por cómo tengo el cuerpo.
Me dan igual los comentarios que no aportan, me da igual lo que se supone que es lo correcto, me da igual lo que diga un simple periodista. Me gusto así, con todo. Y sé perfectamente cómo cuidarme.
Ah, y voy a seguir comiendo lo que me salga de las patatas.