Porque el frío sin ti, no sabe igual. Porque el frío se está volviendo cada vez mas frío. Porque ahora hiela. Y, sin ti, cada vez más.
Mis manos no tienen con quién jugar debajo de la manta. Tampoco mis pies tienen a quien tocar para demostrar los fríos que están. Y mi cuerpo no tiene al tuyo para poder agarrarlo fuerte. Fuerte. Tan fuerte que se nota el calor. Porque el invierno es bonito, sí. Y la nieve. Pero si tienes a alguien como tú al lado. Para hacerlo más ameno. Más bonito. Menos frío.

Ven. Vente. Y quédate. Que hasta mi cama te echa de menos. Echa de menos tus conversaciones antes de dormir. Tus miles de posiciones. Y hasta tus ronquidos. Que mis labios también te echan de menos. Que están secos. Que tienen sed de ti. De tus labios. Mis ojos también echan de menos los tuyos. Que ya no brillan como cuando estás tú delante. Dicen. Que ya no son los mismos. Dónde están nuestros diez amigos para enlazarse con nosotros, dicen mis manos. Venga, ven. Ven para quedarte. Para siempre.
Que el frío se está volviendo frío. Y que el invierno, sin ti, está volviéndose aun más invierno.
Y yo quiero invierno, sí. Pero contigo. Con noches de peli y manta. Y palomitas. Y tus manos jugando con las mías. Y tocarte tus pies con los míos helados. Y abrazarte y sentir calor. Y olvidarnos del frío. Y del invierno. Porque así, así sí merece la pena.

Y, ahora, qué dices. ¿Vienes y te quedas?