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Tú, que me has mirado de arriba a abajo desde que he entrado en la discoteca, con esa cara de querer hacer cualquier cosa menos preguntarme cómo me llamo. Tú, que has pasado por mi lado rozándote como si no hubiera un mañana. Tú, que me has tocado el culo porque simplemente te ha dado la gana. Tú, que no sabes lo que es la palabra respeto y mucho menos conoces lo que es una mujer. Tú, que me has intimidado en mitad de la calle con tus “piropos” inapropiados y tus palabras malsonantes. Tú, que me has perseguido desde el minuto uno hasta que, eso que tienes ahí, dentro de tu cabecita, si es que hay algo, ha decidido actuar. Tú, que te has acercado y no precisamente para decirme “buenas noches”. Tú, que me has empezado a tocar como si fuera tuya, como si tuviera algo que ver contigo, como si tuvieras algún miserable derecho de hacerlo. Tú, que has seguido haciéndolo a pesar de la cantidad de veces que te dije “NO”, a pesar de la cantidad de veces que empujé, grité y pataleé. Tú, que me has pegado, me has gritado, me has amenazado, me has hecho daño, me has jodido la vida, me has, me has, me has…. matado.

Tú, ese que no debería siquiera tener nombre. Tú, que arruinaste más de una vida por el antojo de una puñetera noche. Tú, que ahora estás ahí como si nada mientras ella está allí como si todo.

Tú, monstruo, espero que algún día recibas todo lo que te mereces.