Querida suerte, ¿quién eres?. ¿Quién es el o la que decide quién te tiene de buenas y quién de malas?. Porque hija, será que yo siempre te pillo con la regla. Y vaya humor, amiga. Que, ¿quién decide cuándo se te tiene de buenas y cuando no?. Y, ¿qué criterios tienes en cuenta a la hora de alegrar o fastidiar el día a alguien?. Por qué. Quién te crees que eres. Qué significas.
Por mucho que he buscado, por mucho que he preguntado o por mucho que siga haciéndolo, nunca sabré la respuesta a todas esas preguntas. Sobre todo a la principal, ¿qué es la suerte? Según Wikipedia, la suerte “es un evento que ocurre más allá del control de uno, sin importar la voluntad propia, la intención o el resultado deseado. Estadísticamente, puede ser definida como el resultado positivo de un suceso poco probable, tras un número reducido de intentos relativo a anteriores experiencias o predicciones.” Hasta aquí todo claro, ¿no?. Pues bien, de forma resumida, la suerte es conseguir algo por pura “chorra”. Y se acabó.
Vale, bien. Muy bonita la definición. Pero. Y qué. No nos habla de que existen dos tipos de suerte. La buena y la mala. Já. Aquí viene lo curioso. ¿Quién tiene cada una? Seguramente, y por experiencia personal, supongo que cada uno tiene un poco de cada. Más de una que de otra, seguro. Pero de las dos. La cosa es cuando hay que preguntarse quién tiene normalmente más suerte y quién tiene peor suerte. Buena pregunta. ¿Vosotros lo sabéis? Porque yo, por mucho que lo he pensado, nunca encuentro explicación. Quizás, se podría pensar que si te portas bien, que si eres una buena persona, ayudas a los demás, no haces cosas malas, eres generoso, sincero… y un millón de cosas buenas más, tendrías buena suerte. Algo así como que si te portas bien, los Reyes Magos te traen muchos regalos. Pues lo mismo. Y que si no, tan solo te traen un saco de carbón. O dos. Y con mala suerte, también.
Pero no. No es así. Por un lado, porque según la definición, dice que no importa la voluntad propia. Así que, descartado. Por otro lado, tampoco. Por qué. Porque yo soy muy buena. Sí, sí. Menos risas. Porque sí. Que también tengo mis días. Como todo el mundo, supongo. Pero que yo me considero buena persona, sincera, amable, graciosa. Me encanta ayudar a los demás, ser generosa… Y pa ná. Bueno para nada tampoco, que esto me ayuda a sentirme muy bien conmigo misma. Y eso es muy importante. Pero con respecto a la suerte. A la buena suerte. Ná de ná.
Que sí, que como dice mi novio, que hay muchas veces que he tenido buena suerte. Que no me puedo quejar. Que han sido veces que ni yo me lo creía. Lo sé. Pero, cariño, lo pongo en comparación con el resto de veces, y no. Parece que me miró un gato negro. Que la balanza se va para el lado de la mala suerte, así, sin pensarlo. ¿Por qué? Pues yo que se. Por eso os escribo, por si vosotros sois capaces de contestar. Porque yo, ni idea. Que a lo mejor es eso que dicen, que lo bueno está por llegar. Que el señor me tiene guardado algo grande. Puede que sí. Que es cosa del destino y las cosas suceden así por algo. Pues también. Puede que sea por eso. No lo sé. Que la culpa es mía por hacerme ilusiones y que luego la suerte me haga PUM, por tonta. Por pensar tanto, por fliparme tanto. Pues sí. Puede que también. Que se cree que tiene más poder que yo. Já. Tampoco nos pasemos. Que la suerte, cuando es buena, es buena. Pero cuando es mala, es peor.
Y yo, igual.
Y yo, igual.
Porque pa’ chula ella, chula yo.

