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Ojalá la vida no fuese tan injusta y no se llevara a quien no quiere irse todavía.
Debemos aprovechar cada momento que se nos pone por delante porque nunca sabemos qué puede pasar, porque el destino puede ponerse caprichoso y llevarse a quien más queremos sin ni siquiera avisar. Y de verdad, ojalá antes de llevarse a alguien nos dejara que le diéramos un beso tan fuerte que no lo olvidara jamás.

He repetido una y otra vez que los abuelos deberían ser eternos, y de verdad, ojalá ninguno tuviésemos que pasar por ahí, porque probablemente la pérdida de un abuelo sea el momento más duro que podemos vivir. Es odioso perder a un abuelo sin esperarlo, verle sonreír y al otro día no poder tocarle nunca más. Es odioso sentir que se está perdiendo muchas cosas, que aún quedaba mucho por vivir, que tenías muchas más sonrisas que regalarle y muchos abrazos también.

Pero no podemos hacer nada, sólo nos queda agarrar bien fuerte el corazón y mirar hacia arriba, sentir el brillo de su estrella cada noche. Y hasta cada día.

Y por favor, prométeme que no te apagarás, que no nos dejarás más, que tu estrella no dejará de brillar, nunca más. Prométeme que te quedarás a nuestro lado siempre, aunque no vuelvas nunca. Y que cuando miremos hacia arriba, seguirás ahí, como cada día.

Yo te prometo que aquí abajo nunca te olvidaremos, porque hay personas que son imposibles de olvidar, momentos imposibles de borrar y huecos en el corazón imposibles de reemplazar.

Y tú, tú siempre estarás.