Porque cómo decirte que me has ganado poquito a poco. Tú, que no llegaste por casualidad, porque yo te estuve esperando todos los días y, simplemente, fue el destino el que lo hizo todo. O no. Fuimos tú y yo, qué coño. Que quisimos juntarnos y seguir el mismo camino.
Dicen que el primer amor nunca se olvida, por eso yo te recordaré siempre. Y no solo por eso, sino porque también serás el último. Es algo que ya sé. A veces soy un poco bruja, de esas que visualizan el futuro. Pero no tengas miedo, intento no hacerle caso y dejarme llevar, y aprovechar cada segundo. Yo contigo. Tú conmigo. Como si fuera el último, pero sabiendo que no lo es.
Porque, cómo decirte, que quiero compartir contigo lo que queda de vida. Bueno, no te agobies, quiero compartir contigo el día a día. Porque quiero hacerte feliz cada día. O al menos intentarlo. Quiero regalarte mis defectos para que los entiendas y te adaptes a ellos. Y cuando ya los conozcas bien, decidas quedarte. Lo mismo que hice yo, cuando conocí los tuyos. Que tengo que decirte que son realmente maravillosos, porque yo sé que la perfección no existe, pero tú eres todo lo más parecido a ello que conozco. Y eso, me encanta.
Que también voy a seguir picándote día tras día. Que seguiré mandándote fotos en el Bernabéu. Seguiré diciéndote que el esquí es mejor que el snow. Y que las lentejas con calamares saben mejor. Seguiré picándote todas las veces que haga falta si consigo que te rías. Y que te enfades, también. Pero que se te pase rápido con una simple sonrisa picarona.
Dime que no te vas a quedar para siempre, pero que vas a estar a mi lado todos los días de mi vida. Porque ya sé que no te gustan las palabras que definen uno de los extremos, por eso lo haré de esta forma. Quédate y no te vayas. Hasta mañana. Y vuélvete a quedar.
Quédate tú. Y tu manera de hacer las cosas. De hacerme sonreír, de picarme. De enfadarme. Quédate tú, y tu forma de mirarme. Y la manera en que sonríes cuando sé que algo te gusta. Y la manera en que te despides por el telefonillo cuando te vas, pero para volver. Y tu manera de silbarme. De decirme lo guapa que voy un día cualquiera. De quedarte, a pesar de mi cara al despertar. Y quédate, cariño, cuando siento que todo está encima y que no tengo fuerzas para seguir. Y también cuando quiera comerme el mundo. Contigo. O para comerte a ti. También. Quédate para hacer todo aquello que tenemos pendiente. Para acabar de conocer el mundo. Para cumplir sueños juntos. Para vivir la vida. Para saber aun más de ti. Y conocer todos tus miedos, y seguir conociendo tus defectos. Y seguir enamorándome de ellos. Como de ti. Todos los días. Quédate para seguir diciéndome que el Barcelona es mejor que el Real Madrid. Aunque yo no lo crea. Para avisarme cuando ves un vestido morado, aunque sepas que odio ese color. Quédate para invitarme a comer puchero siempre que haya, porque sabes que me encanta. Quédate para ser tú conmigo, y yo contigo. Quédate, porque aun nos queda mucho por pasar. Por vivir.
Quédate en todas tus maneras. En todas. Pero, sobre todo, quédate a mi lado.

