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Amiga, no te preocupes. Que la vida es eso. Levantarse y caerse. Caerse y volverse a levantar. Y así siempre. Porque la vida sólo es un camino de obstáculos, los cuáles te enseñaran quién sí y quién no. Quién siempre y quién nunca. Tranquila, amiga. Que los errores sólo están para aprender de ellos. Para no volver a tropezar en lo mismo. Para coger la piedra y mandarla bien lejos. Para ayudarnos a seguir adelante.
No te preocupes. La vida parece de color de rosa hasta que te clavan la espada. Y, encima, por la espalda. Pero no pasa nada. Porque la vida sigue. Te quitas la espada y sigues. Sigues porque, como ya te dije, siempre es mejor estar sola que mal acompañada.
Pero no llores. Bueno sí, qué coño. Llora, desahógate. Y, cuando ya lo hayas hecho, levanta la cabeza y di «aquí estoy yo». Y en ese momento notarás que estás viva, que la vida sigue, que sólo fue una especie de tormenta que arrasó con todo. Pero entonces llega la calma y, tú, sigues. Sí, sigues. Con un par o con dos. Con la cabeza bien alta. Con la mejor de tus sonrisas. Con la mayor fuerza posible. Y, “palante”. Como los de Alicante. O como los de Estepona. Qué más da. Pero “palante”.

Que no te preocupes, amiga. Que las cosas difíciles están para los valientes. Y sólo aquellos que tienen el coraje de seguir adelante, son los que llegan lejos. Así que, no pares. Que la vida es dura, pero tú lo eres más. Y que la vida vuela, pero tú volarás más alto. Porque sí, porque tú lo vales. Manda lejos aquello que parece oro, pero que no vale nada.

Recuerda, cariño, que lo mejor aún esta por llegar.