Espabila, que no se lo merece.
No se merece tus lágrimas, ni siquiera tus sonrisas. No se merece todo lo que le diste, ni todo lo que estarías dispuesta a darle. No se merece que te pases horas y horas pensando en lo que pudo ser y no fue, o en lo que fue y no tendría que haber sido. Ni siquiera se merece que gastes tiempo en revisar cada detalle de su vida. No se merece cada rayada en tu cabeza. Ni cada caída por su misma piedra. No se merece que sientas algo, ni siquiera se merece que no sientas nada. Ni más, ni menos.
Se fue, se fue porque quiso. Decidió abandonarlo todo, decidió vender cada uno de tus besos. Decidió no aceptar todo lo que tenías para darle. Y huir, como sólo los cobardes saben hacer.
Pero, por favor, espabila.
Al irse, él ha perdido más que tú. Porque tú podrás querer a alguien como le querías a él.
Pero a él, jamás podrán quererle como le querías tú.
