Dime a qué tienes miedo. Háblame de esa montaña rusa que año tras año te niegas a subir. O de ese tobogán que evitas cada verano por si sales pitando por los aires. Cuéntame ese día que no quisiste hacer puenting por lo que pudiese pasar, o por ese nudo en el estómago que se te puso. Al igual que ese día que tenías que coger un avión por primera vez. Háblame de los minutos antes a ese beso al chico que tanto te gusta. Y de todas esas palabras que te guardaste por el qué dirá. Incluso cuéntame algo de ese insecto que te lleva por el camino de la amargura y que no puedes ver pasar. Háblame de ese primer día de clase, y de ese último examen de la carrera. Háblame sobre toda esa ropa que dejaste en el probador por lo que pudieran pensar o decir. Y de esa que tienes en el armario todo el año y no te atreves a ponerte. Háblame de ese viaje que siempre quisiste hacer y no hiciste. Y de ese día que no querías llegar a una ciudad nueva sin a penas entender el idioma. Háblame sobre tu primera entrevista de trabajo. Y sobre ese primer día en un nuevo puesto. Cuéntame cuántas veces no quisiste tener, porque cuanto más tienes, más tienes que perder. Dime, si quieres, todas esas veces que no amaste porque fuera a doler, o todas esas lágrimas que soltaste por eso que tanto temías.
