Qué gran frase. Ayer, una vez más, volví a escuchar esa frase. No tiene ni chicha, ni limoná. Puede que hasta resulte ser una frase cualquiera. Pero, en realidad, tiene mucho más valor del que podéis llegar a imaginaros.
Esta vez no era yo. Esta vez no era yo una de esas personas a las que iba dedicada esa frase. Esta vez no era yo esa que estaba muerta de calor, quizá por los nervios, o quizá por ese calor que realmente hace en el aula magna. Tampoco era yo una de esas personas que, en silencio, pensaba en todo lo que dejaban atrás. O en todo lo que aun está por venir. También. Esta vez no era yo una de esas chicas nerviosas por subir los escalones en tacones. Ni siquiera era yo la que subía al escenario a recoger un diploma, y sentirse orgullosa de todo lo conseguido. Tampoco era yo la que sonreía en la típica foto encima del escenario, con todos aquellos que te acompañaron en esa etapa tan difícil. Esta vez no, esta vez lo vi todo desde fuera.
Y no tengo palabras. Es exagerado los pelos de punta en más de un momento del acto. No sé si por el recuerdo a cuando yo estaba allí. O por la felicidad de ver graduarse a dos personas muy especiales para mí. O por todo lo vivido en aquel centro, y todo lo que he vivido hasta ahora fuera de allí. Supongo que fue un cumulo de cosas, pero cosas maravillosas.
Aunque ya las di en su día, doy gracias por todo lo vivido allí. Gracias por todo lo aprendido, por todo lo conseguido. Por todo el esfuerzo. Y por los ánimos que me dieron tanto las personas de dentro como de fuera del centro, en todo momento. Y, por supuesto, doy gracias por llegar a donde estoy ahora.
Supongo que no tengo nada más que decir, simplemente quería expresar este sentimiento. Ahora, sólo me queda desear suerte a todos aquellos que ayer pasaron por ese momento tan especial. Por ese mariposeo en el cuerpo, y por esos nervios por saber qué pasará. Suerte, de verdad, en esta nueva etapa, que es maravillosa. Que la disfrutéis al máximo día tras día. Que os esforcéis, que hay tiempo para todo. Y que elijáis lo que realmente queréis. Que seáis felices y que lleguéis muy lejos. Y también que os peguéis buenas fiestas, aunque supongo que eso no hace falta que os lo diga. Y, sobre todo, que no os rindáis nunca.
Porque, ya sabéis, las cosas difíciles están para los valientes.
