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“Cómete lo que te queda, que eso es bueno para que te crezcan las tetas”. Bendita frase. Yo es que siempre fui de hacerle mucho caso a mi mami, me lo tomo todo al pie de la letra. Y así vamos. 
La verdad es que me da por pararme a pensar y empezar a escribir, y no sé que decir. No porque no haya nada que decir, sino porque hay tantas cosas que no sé por donde empezar. Porque una madre no es sólo la que te da la vida, no es sólo la que te da el pecho y la que te enseña trillones de cosas. Una madre es la que está de principio a fin, sin dejarse ni un momento por el camino, sin dejar que avances solo, sin dejarte. Ni un solo segundo. Porque una madre es ella, y se lo merece todo.
“Abrígate que mañana bajan las temperaturas”. Y así es ella. Que mira el tiempo de Madrid cada día para informarme bien. Será que yo no tengo la aplicación del tiempo en el móvil. Será que yo no me asomo a la ventana antes de salir a la calle. Vaya a ser que salga con el chaquetón de la nieve y haga un día de verano. Por si acaso ella me lo advierte. Que se me puede ir la cabeza.
Suena el whatsApp. Tu madre. Lo abres y: “Hoy es el cumpleaños de tu tía”. Madre mía -nunca mejor dicho- ¡Menos mal que estás! Pero ella es así, porque vaya que el Facebook se equivoque, o que tu memoria ese día falle, o que te de por no mirar el calendario donde tienes todo apuntado. Si ella lo hace por mi bien. No me puedo quejar. 
“Tómate un ibuprofeno”. Te duela el pie, te duela la cabeza, tengas un corte en el dedo, tengas un grano en la cara, te duela el dedo meñique o, simplemente, tienes un día de no tener ganas de nada. Sea lo que sea, ten a mano un ibuprofeno. Siempre. Que eso lo cura todo. Que si te duele algo, te lo tomas. Y si no te duele, te lo tomas también. Para curarte ya del resfriado que está por venir. Y así es ella. Y punto.
“No andes descalza”. ¿Por qué? Porque ella lo dice. Que no. Que es para que no ensucie el suelo recién fregado. Para que no me corte por si hay cualquier cosita por el suelo. O a lo mejor simplemente es porque sí, porque a ella le gustan las zapatillas y no quiere que enseñe mi dedo meñique del pie. Que está montado, por si no lo sabíais. Y no es plan de que vaya por ahí como Pedro por su casa. Así que, ponte las zapatillas. Pero como mucho paso a los calcetines. Que las zapatillas son muy incómodas. 
Mami, que esta noche voy al puerto. Ella: “Ni al puerto ni a la puerta” o  en aquellos tiempos en los que estaba Plató: “Ji, a platá”. Y así. Esa era su forma de decir que hoy no se salía. Porque estabas castigada, porque mañana hay que estudiar, porque hace frio, porque llueve, porque hoy no pega salir, porque pepito el de los palotes hoy no sale, a ver si haces como él y descansas un poco. Porque estás todo el día en la calle. Porque no, que te quedes en casa. Y tú, coges todas tus ganas de salir, te las tragas y dices “Po na, ya se me han quitado las ganas, otra vez será” Eso muy de vez en cuando. Otras le dices que es que la puerta y platá te están esperando. Y es que una invitación no se debe rechazar, mamá.
Y hay muchísimas frases más que podría seguir escribiendo y que no acabaría. Frases de ella y, bueno, supongo que de todas las madres. Frases que le identifican y que siempre estarán ahí, que pasarán a otra generación. Y a otra. Y así hasta el fin de los fines. Porque ellas son únicas, son especiales, son irremplazables, son.. MADRES. Y sólo ellas se merecen esa palabra. Hoy, y todos los días. Siempre. 
Mamá, ¿puedo ir a la fiesta de pepito?. Tu madre: ¿Hoy? no. Tú: Pero mamá, van todos. Tu madre: ¿Todos? ¿Quiénes son todos? Seguro que todos no van. Quiénes van. Cuál es su DNI. Quiénes son sus padres. Dónde viven. Cómo van. Cuál es su apellido. Qué estudia. Qué hace con su vida. Y así. Os tiene fichado a todos, queridos amigos y amigas.
Mamá, porfi, déjame ir a la fiesta. Tu madre: Que no. Tú: venga porfa, porfa, porfa. Tu madre: Que no, que está lejos, que no tienes como volver, que hace frío, que blablabla…. Tú: mami por favor, que ya está todo organizado. Tu madre: Haz lo que quieras, tú veras. Y ya esta. Se queda tan a gusto. Te deja la frase y se queda tan tranquila. Y tú, mientras, más rallada que el pan. Que ese «tú veras» se te queda ahí clavado y ya ni ganas de salir ni ná.
Y así son ellas. Ni mejor, ni peor. Simplemente ellas. Porque no se les puede poner ninguna pega, porque son únicas. Porque ellas sí que valen. Y mucho.
Porque ellas son todas las profesiones que puedas encontrarte en el camino, ellas lo saben TODO sobre todo. Ellas tienen soluciones para todo. «Que ya verás como voy yo y lo encuentro». Dicen. Y joe, digo que si lo encuentra. Yo creo que eso es Don de madre. Me pregunto si yo cuando lo sea también tendré ese Don. Ya lo podría tener ahora también, ¿no?
“Porque lo digo yo y punto, que para eso soy tu madre”. Y olé. Y se acabó. No hay más que hablar. Cuando te dice eso no le rechista ni dios. Ahí ya no hay más conversación, no hay por donde salir ni por donde coger la maldita frase. Te dice eso y tú coges, agachas la cabeza y te vas. Sin más. Y punto.
Por tu risa contagiosa. Por tu alegría de cada día. Por tu manera de cuidarnos. De ayudarnos. De criarnos. De educarnos junto a papá. Por ser tú cada día. Por superarte cada día. Aunque ya eres tan tan tan que es difícil superarte. Por ser como eres. Por querernos. Por tener amor para cada uno de nosotros. Por ser la mejor. Por tus comidas aunque no te guste cocinar. Por tus detalles. Por tus besos y tus abrazos en los momentos más duros. Y en los buenos. También. Por hacernos felices todos los días. Por ser la mejor madre del mundo mundial. Y más allá.
Gracias, mil gracias por ser una madre de los pies a la cabeza. Feliz día a todas las madres. 

Y, sobre todo, feliz día a la madre que me parió. Te quiero mucho.