Hay experiencias que son tan buenas que, cuando acaban, te dejan como vacío, pero en el fondo eres un poco más feliz.
Y es que hay oportunidades que te regalan grandes personas, con las que compartes grandes momentos, esos que son difíciles de borrar. Y al acabar, te das cuenta de lo feliz que fuiste, de lo que viviste, de todo lo que te llevas para siempre y de todas las sonrisas que sacaste. Cuando se acaba, te das cuenta que ahí estabas muy bien y que volverías, sin duda, otra vez.
Es entonces cuando recuerdas que cuando se está a gusto, hay que aprovechar al máximo y exprimir cada momento porque, cuando menos te lo esperas, se va.
Las buenas experiencias se miden según la cantidad de sonrisas que se te escapan cuando las recuerdas.
Y a mí, se me están escapando muchas.