Porque el tiempo es como ese triángulo de queso que tienes en la mano, que si decides guardarlo para que nunca se acabe, llega un momento que se pone malo. Y te quedas sin aprovecharlo. Y es demasiado tarde. Y seguramente ya no puedas volver atrás para recuperarlo. Y te arrepientas.
Puede ser lo más valioso que tengas en ese momento. Por eso, úsalo. Gástalo ahora que puedes. Y aprovéchalo al máximo. Disfruta. Desde que abres el envoltorio hasta que te comes el último trocito. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No dejes para mañana ese trozo de queso, porque mañana ya puede que esté malo. O que lo haya aprovechado otro.
El tiempo pasa muy deprisa. Al igual que ese triángulo de queso. Así que no te quedes ahí parado viendo cómo se pone malo. Y cómetelo. Y aprovéchalo. Como si fuera el último. El queso.
Y el tiempo. También.