No me gustan las despedidas. Lo siento, no puedo. No consigo acostumbrarme.
Llevo no sé cuántas despedidas a mis espaldas, estaciones pisadas, besos soltados al aire y no sé cuántos “hasta pronto”. Y sigo sin querer irme. Y sigo sin querer separarme.
Y es que juntos somos más, y cuando no estás es como si faltara algo. Estoy tranquila, porque me he dado cuenta que el amor verdadero lo supera todo, incluso los kilómetros, y no sé, nosotros tenemos mucha experiencia ya para darnos cuenta que podemos con esto y más.
Que si nos separamos una vez más, y no porque queramos, sino porque debemos, ya tendremos planeado un nuevo reencuentro y nuestra mejor sonrisa para cuando llegue.