Y vale, que puede acabar mal. Que a lo mejor mañana te despiertas y no es como esperabas. Y sufrirás. Y te volverás loco de rabia por haber hecho cosas que ahora no sirven de nada. Pero, locos. De eso se trata, ¿no?. De qué sirve pensar en cómo será mañana, si ahora estás volviéndote completamente loco de felicidad. Tan loco como un viernes al acabar las clases. Como el día que empieza el verano. Loco como el mar un día de levante. O como tus pelos el día de poniente. O tan locos como tú y yo, un día cualquiera. Un día después de estar meses sin vernos. Tan loco como recibir un buen mensaje o una visita inesperada.
Quien no arriesga, no gana. Dicen. Y cuánta razón tienen. Que yo me seguiré arriesgando y tropezaré mil veces si es contigo. Y aunque mañana pierda, sé que habré sido completamente loca, de felicidad. Y, si es así, habrá merecido la pena.
Porque yo estoy loca, muy loca. Loca por ti. Por tu sonrisa y tu manera de hacer las cosas. Tan loca por tenerte a mi lado que asusta. Loca por tus pasos. Por tu manera de tocar. O de tocarme. O por esa manera tuya de decir las cosas. De decírmelas. Loca por tus imperfecciones que parecen perfectas. Loca, completamente loca.
Te dicen, también, que te enamores de alguien loco, porque esos son los que aman con locura. Y yo, por una vez, les hice caso. Porque yo estaré loca, pero tú estás más loco todavía. Y eso, me encanta. Porque sólo tú, haces que esté locamente enamorada de ti.
Porque, el amor. Todo. Locura.

