Un día me dijo “Te quiero más que al amor”. Y me contó exactamente lo que significaba el amor, para que me quedara más claro. Me dijo que según la RAE, amor significaba “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Pero, que para él, yo era mucho más que eso. Que yo le hacía sentir mucho más que esa palabra. Que le hacía más feliz que la propia felicidad. Y que le volvía más loco que la locura. ¡Imagínate!. Mi corazón daba saltos de alegría. Me recordó que el amor era eso que se cultivaba cada día. Y que no se te puede olvidar regarlo. Eso que se debía echar cada mañana en la taza del café. Y se debería de cuidar para el resto del día. De la semana. Del mes. Del año.
Después de un rato contándome con pelos y señales todo lo que le hacía sentir. Todo lo que sentía. Todo lo que significaba para él. Y todo el amor que tenía para darme.
Le miré y, con voz temblorosa, le dije:
– ¿Y si se nos acaba el amor?
Me cogió de la mano, me miró a los ojos y, con su mejor sonrisa, me dijo:
– Pues lo hacemos de nuevo.
