Y si tuviera que contar todo lo vivido, y si tuviera que pensar en todo lo que nos queda por vivir, seguramente no acabaría.
Si tuviera que contar aquello que sólo nosotras sabemos, lo que sólo con una palabra entendemos lo que significa. Si tuviera que hablarte de cada risa, a cual mejor, a cual más fuerte. Incluso cuando no sabemos ni por qué. Si tuviera que hablarte del doble armario, del reportaje vía WhatsApp para elegir el modelito de esa noche de travesuras. Si tuviera que hablarte de cada “te lo dije” y de todos los consejos de antes. Incluso si tuviera que hablarte de cada caída, cada lágrima o cada corazón partido. Si tuviera que hablarte de esa mano que te agarra cuando te faltan las fuerzas, de esa llamada cuando el mundo se viene encima y de ese abrazo que te rescata del mundo. Si tuviera que hablarte de cada momento, tanto bueno como malo, de cada despedida, cada “hasta pronto” y cada reencuentro. Si tuviera que hablarte de felicidad, de cada brindis, cada resaca y cada “tía, menuda noche”.
Si tuviera que describirte la palabra amistad,
te definiría a ella,
de los pies a la cabeza.