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Anda rápido o despacio, pero no te pares, el tiempo pasa muy rápido.

No mires atrás para cambiar cosas, lo pasado, pasado es, y siempre será así. Es mejor dejarlo ahí quieto, sin tocarlo mucho. No mires atrás para recordar cosas que algún día te hicieron sufrir. Sé que has llorado, y puede que mucho. Sé que has tenido días en los que has preferido no despertar, o momentos en los que querías desaparecer. Pero y qué. De eso se trata la vida, de idas y venidas. Y al final, lo importante es seguir. Seguir con quien realmente decidió seguir contigo, olvidando todas aquellas personas que se quedaron por el camino porque quisieron. 

 

No mires atrás, o sí, pero solo para recordar todos esos momentos maravillosos que viviste. Para recordar todas esas risas, esas carcajadas que acabaron en llanto. Cada abrazo que te recompuso, cada mirada que te hizo sentir un escalofrío, cada beso que se queda clavado, cada caricia o cada ayuda cuando más lo necesitabas. Lo bueno del presente es poder recordar cosas bonitas del pasado, así que haz eso, sólo eso.

 

Hazlo todos los días. Y a la vez, vive. Vive el presente, todo lo que viene, todo lo que te espera, todo lo que está planeado para ti. Sin dejarte nada por el camino.

Y, sobre todo, no te rindas. Cuando sientas que vas a rendirte, piensa en por qué has empezado. Sabes que puedes con todo y más, está comprobado. A la vez, tienes que saber rodearte de gente que te haga vivir, porque esas personas sí que merecen la pena. La cuesta puede ser enorme, pero en lo más alto las vistas son alucinantes, así que no te quedes por el camino. Porque merece la pena llegar al final.

Hazlo. Por ti, por ti y por ti.