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Muchas veces me pregunto si algunas cosas que pasan se trata de casualidad o de destino. Y no sé, suelo decantarme por la segunda opción, pero la verdad que nunca se sabe. Porque hay momentos que hasta tú mismo te quedas impresionado.

Hay incluso quien dice que no existen ninguna de las dos, pero supongo que esas no tienen ni idea de nada.

Porque que él estuviera en el lugar exacto, justo ese día, a la misma hora, y se cruzara conmigo, es la mejor definición de casualidad. Porque podría haber ido en otro momento, otro día, a otra hora y haberse cruzado con una persona totalmente diferente. 

 

Pero no, el destino nos eligió a nosotros.
Y bendita casualidad.