Seleccionar página
Cuando eres adolescente, la ilusión se gana y se pierde con la misma facilidad con la que un lápiz cae si lo tiras, no sabría decirte si cuando eres adulto pasa lo mismo (quizás reflexione sobre ese tema dentro de unos años). Pero la ilusión de un adolescente es tan efímera que resulta difícil explicarla. Porque hay días en los que un señor se te acerca y te pregunta:
-Oye, ¿Pero qué le pasa a esa sonrisa?
-Pues nada, que tengo unos de esos días. Le respondes.
-¿Uno de esos días?
– Si, unos de esos días en los que el reloj te regala unas horas más de sueño y tú, confiada, te quedas dormida, y caes de la cama curiosamente apoyando el pie izquierdo. Uno de esos días en los que la gravedad, dichosa enemiga, decide jugar contigo y vierte las tostadas justo por el lado de la mermelada; le adviertes que no estás para juegos, pero ella continúa y te derrama el tazón de leche en la camisa. Uno de esos días en los que el metro luce el cartel manifestando el «10 minutos´´, mientras que el reloj le echa una carrera a tu tiempo. Uno de esos días en los que tu pelo cobra vida propia y tu rol de chica dura se disuelve. No sé si logrará entenderme, le hablo de uno de eso días en los que le muestras más interés a las calles inundadas, el tráfico, la impaciencia, el mar humor, la vista cansada y las ojeras, la torpeza, la duda, la apatía e indiferencia. Uno de esos días en los que enciendes el televisor y ves como solo hay malas noticias, personas que mueren de hambre y futbolistas que ganan estando en el banquillo. Noticias que solo te dan ganas de apagar el televisor. Uno de esos días donde persiste el antojo que nunca se va y la ilusión que hoy si lo hace. Y encima llueve.

Sin embargo, al día siguiente, el despertador acaricia tu mejilla para despertarte, el pie derecho le hace la zancadilla al izquierdo y consigue pisar tierra antes, un desayuno, repleto de calorías que no engordan, te espera en la mesa. Hoy, adviertes a todo el mundo de tu poder con tal sonrisa que nadie puede tomarte enserio, ¡Pero digo que lo es! Más que el de cualquier mirada, miedo, recuerdo… más que el dinero. Hoy mezclas colores, trazas líneas sin sentido. Tuyas. Para ti. Un poco de intimidad para contigo. No dejas que nadie te juzgue. Haces lo que realmente quieres y cuando te apetezca a ti, la reina y dueña y tirana de tus blancos y tus negros y tus grises. Porque hoy nadie puede cerrar las manos y atraparte entre sus dedos. Porque hoy cruzas la calle y saludas a la honestidad, generosidad, bondad; y le das dos besos a la alegría y un abrazo a la ilusión que prometes no volver a dejarla escapar, promesas… 
¿Quién sabe cuándo volverá a irse?