Sé esa sonrisa que se escapa sin motivo alguno. Y ese rizo que cae por el lado derecho. Sé la ilusión de un pequeño niño el día de reyes. O de un mayor. Y sé ese minuto de felicidad al abrir lo que esperabas. Sé de ese color que tanto te gusta. Sé el kilo de menos. O de más. Qué mas da. Sé ese trozo de chocolate a media noche. Sé el aprobado que tanto esperabas. Sé los sueños cumplidos. Sé esa película de amor con manta y palomitas. Y ese beso inesperado que esperabas. Y los restantes. Sé ese post-it que te recuerda lo que tienes que hacer. Y ese ibuprofeno que tanto necesitas un día de resaca. Sé amable. Sé ese bus que te abre las puertas cuando ya casi se iba. Y ese que te aguanta la puerta para pasar. Sé paciente. Sé todas esas sonrisas perdidas por el mundo. O encontradas. Sé ese niño que se cae, y se levanta. Sé la batería al 100%. Sé ese tren. Ese que te lleva al lugar que quieres. Y esas bienvenidas que enamoran. Sé tonto. También. Sé ese atardecer del sur. O de cualquier sitio. Sé esa caja de colores recién comprada. Y el boli que nunca se acaba. Sé el sol un día de invierno. O de verano. También.
Sé tu canción favorita al encender la radio. Sé esas conversaciones que duran horas. Sé fotógrafo. O modelo, por qué no. Y sé las fotos graciosas. Las románticas. Y las inesperadas. Sé una buena pizza. Sé esa caña al acabar exámenes. Y la fiesta que nunca se olvida. Y, encima, gratis. Sé los recuerdos que merecen la pena. Sé cariñosa. Y quiere. Quiere mucho. Sé los viernes en casa en buena compañía. O el sábado. O cualquier día. Sé el día de tu cumpleaños. Y esa buena tarta con velas. Sé la carta que recibes de aquel amigo lejano. Sé las alegrías. La felicidad. Y el que acabe con la tristeza. Sé un Mcdonald’s a las seis de la mañana. O a cualquier hora. Como si importara la hora alguna vez. Sé el que se deja la voz en la ducha. Y en la cama. Sé esa cámara que recoge las mejores fotografías. Sé esa sonrisa que enamora. Hoy, mañana y pasado. Todos los días. Sé un café caliente un día de lluvia. Y el paraguas que se rompe para poder sentirla. Sé una amistad y un amor que nunca se olvida. Sé un “hasta luego” y no un “adiós”. Sé ese gracias. Ese perdón. Y ese abrazo en los momentos difíciles. Sé de los que viven el día a día. Sé los cinco minutos de más en la cama. O el dormir sin despertador. Sé las noches con él.
Sé de raya en medio o a un lado. Sé de pantalones pitillos o de campana. Sé del Real Madrid o del Barcelona. O del Málaga, qué coño. Sé de café o de colacao. Sé rubia, morena, pelirroja. O del color que quieras. Sé publicista, dentista, abogado, médico, barrendero, dependienta, cocinero, empresario. Lo que quieras. Sé alto, bajo. Gordo, delgado. Talla 38 o talla 36. O más. O menos. Sé guapo o feo. Sé de allí o de aquí. Sé de una forma o de otra. Sé hoy. Que ayer ya pasó. Y mañana ya llegará. Sé como eres. Como quieras.
Pero, sobre todo, sé tú.


