Papá. Dios mío, vaya palabra. Solo cuatro letras, y cuánto puede llegar a significar. Porque puede ser una de las primeras palabras que digamos al nacer, porque se le asigna a esa persona que, en parte, te dio la vida, o porque es una palabra que no dejamos de decir nunca. Porque solo los que tienen el placer de serlo, saben lo que realmente es. No se puede explicar.
Yo, es algo que aun no puedo explicar, en mi caso, ser madre. Pero lo que sí puedo explicar, es lo de tener un padre. Y parece fácil, eh. Pero no. No sabes por donde empezar cuando te preguntan qué es tener un padre. Y no un padre cualquiera, no, sino tener el padre que tienes. ¡Qué responsabilidad!
Porque yo tengo millones de virtudes para atribuirle a mi padre, millones. Desde los pies a la cabeza, tanto exterior como interiormente. Porque aunque no es el más alto del mundo, tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Y eso, señores, es lo que cuenta. Porque él está ahí siempre. Porque puedo echar la vista atrás y recordar todos mis buenos momentos y, en todos, está él. Y no solo eso, no. Sino que también me da por recordar los momentos no tan buenos y, como no, ahí está también, para ayudarme, para apoyarme, para hacerme sentir grande a pesar de los problemas. “Que yo no quiero problemas, que los problemas amargan”, me dice. Y por eso, trata de evitarlos a más no poder, y cuando no hay más remedio que afrontarlos, pues los afronta. Los suyos, y los de las personas que más quiere.
Porque él me dio, en parte, la vida. También mi madre. Me enseñó cosas desde el primer segundo de vida cuando, aunque no lo puedo recordar muy bien, me recibió con su mejor sonrisa. No lo dudo. Me recibió con su mejor sonrisa y la mantuvo hasta el día de hoy. Para hacerme reír en mi infancia y poder disfrutar, nunca mejor dicho, como un bebé. Para hacerme sonreír en las situaciones “difíciles” de mi adolescencia, en las tonterías de toda adolescente. Y, aunque aun queda, sé que también guarda su mejor sonrisa para cuando me recoja vestida de novia y me lleve al altar. Lo que yo digo, una sonrisa para cada día de mi vida. Por eso, señores, además de PAPÁ es, también, mi HÉROE. Simplemente por el hecho de hacerme feliz día tras día.
Sé que necesitaría folios y folios de tu papelería para escribir todo lo que te tengo que agradecer, por eso mejor seré breve, para que tampoco te canses de leer. Papá, simplemente gracias por ser la persona que soy hoy, por lo que has conseguido. Porque sé que estoy donde estoy, en parte, gracias a ti. También a mamá. Tú me has hecho ser fuerte a pesar de que todos estén contra mi, ser paciente cuando las cosas tardan en llegar, ser amable con todos los que te rodean, ser cariñosa y dar besos sonados, que son los que valen. Ser responsable en todo, y saber cuidar de mí. Ser luchadora, y llegar a conseguir todo lo que me proponga. Ser hábil, y saber levantarme rápido cuando me caigo. Ser trabajadora, y conseguir llegar a tercero de carrera y, sobre todo, estudiando lo que me gusta. Porque tú me has apoyado, eligiese lo que eligiese. Ser, ante todo, buena persona, y saber querer a todos aquellos que se lo merecen. Por esto, papá, es por lo que realmente te tengo que dar las gracias. Porque hoy soy quien soy gracias a ti.
Todos dirán que su padre es el mejor, que su padre es el más guapo, el más trabajador, el más todo. Sí, es normal. Por eso es algo que no voy a discutir, simplemente voy a seguir manteniendo mi opinión. Porque sé que no solo para mí, sino que para muchas más personas, eres increíble. Que sí, que también tienes la manía de ir con las llaves en la mano a todas partes, o de necesitar una cuchara especial para comer, y muchas más manías. Pero hasta con eso, eres increíble. No digo que seas el mejor (o sí), pero sé que no hay nadie mejor que tú.
Eres mi héroe, y sé que siempre seguirás siéndolo. Pase lo que pase. Hagas lo que hagas. Porque solo por el hecho de estar a mi lado todos los días de mi vida, me basta.
Simplemente, gracias. Te quiero Papá.
Porque todo el mundo tiene el suyo pero, como el mío, ninguno.