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Pues sí, parece que ya está aquí. La primavera, sí, la que la sangre altera. 
La primavera, esa estación que llevamos esperando desde que acabó el verano y que, sin embargo, se ha hecho de rogar. Aunque no estamos seguro si ya llegó, o es simplemente eres tú, invierno, que te estás apoderando de unos días de más, y aun sigues aquí. Como cuando dejas los deberes para el domingo por la noche, y tratas de hacerlo todo a última hora. Pues así estás tú, que no has querido llover en tu tiempo, y ahora cuando ves que se acaba, es cuando quieres soltarlo todo.
Pues no hombre, que tu tiempo ya ha pasado, déjanos tranquilos. Que ya nos has tenido con el abrigo, la bufanda hasta arriba, el gorro y los guantes. Ah, y las botas, con los calcetines calentitos hasta arriba. Con los chocolates calientes a media tarde y la película con mantita un día de domingo. Que ya está bien, que hay que saber compartir y no ser egoísta. 
Invierno, no te enfades. No eres tú, soy yo. Que necesito el solecito todos los días, el calor de primavera que me recuerda al verano. Que necesito un helado a cualquier hora del día, sin tener que preocuparme por coger un resfriado. Que no te odio a ti, sino a los paraguas. Que es que la primavera es mucha primavera. No eres tú, soy yo. Que en invierno cojo mil resfriados, y en primavera no tengo ni una alergia. Entiéndeme, es cuestión de salud. Que así puedo salir a la calle sin ninguna preocupación y sin sentirme culpable si un día se me olvida la bufanda, y no tener que recordar una y otra vez esa frase de mi madre “Coge algo para la garganta, que luego estás con la tosesita”. Cuánta razón. Por eso invierno, por mi bien, por el de mi madre para que no esté tan preocupada, y por los de mi alrededor para que no tengan que escuchar mi pesada tos, por favor, vete. Con cariño, eh. Siento decirte que no te echaré de menos, pero que en cuanto vuelvas, te volveré a coger con cariño. 
Que no eres tú, que soy yo. Que me encanta levantarme por la mañana y ver el cielo azul, el sol brillar y una buena temperatura marcando en el tiempo del Iphone. Que así, te levantas con otro humor. Hazme caso, deberías aprender esos pequeños detalles. Que de esta manera solo tienes que conjuntar un pantalón, una camiseta y los zapatos. Porque de abrigo ya tienes la cazadora vaquera (¡BENDITA CAZADORA!) que te pega con tó. Es cuestión de tiempo también, invierno. Que para las mujeres es todo un reto vestirnos en menos de una hora en tu estación, que hay que combinar muchas cosas, y aunque no se te vaya a ver la camiseta que tienes abajo del todo, hay que llevarla combinada igualmente. Que nunca sabes qué puede pasar. Entiéndenos, no es sólo por nosotras, sino también por ellos, para que no tengan tanto que esperar. Que en primavera todo es mas fácil. 
Que no eres tú, que soy yo. Que soy del Sur, ¿sabes?. Y yo soy muy de playa y de sol. De paseo marítimo con buen tiempo. De tomar el sol con simplemente unos rayitos el primer día de primavera. Que a mi me gusta estar morena, y las terracitas con una cerveza y una buena tapita. Que el humor cambia, la sonrisa es inevitable quitarla, y la alegría que se respira en el ambiente no tiene precio. Que te entran ganas de hacer mil planes, de salir a pasear, de besar, de bailar, de cantar, de correr, de sentir. De vivir. Que a mi el buen tiempo me da vida, invierno. 
Tengo que decir a tu favor que lo que no me gusta de la primavera es que viene, una vez más, la época de exámenes. Pero bueno, ahí tampoco te escapas mucho porque en tu estación también hay. Es algo que tenéis en común. Lo único que la primavera tiene algo de ventaja, porque después de su época de exámenes…. llega el ansiado verano. Y eso, eso sí que es otro rollo. 
Con todo esto no quiero que estés triste, que yo tu estación también la disfruto mucho. Que, sin abusar, me gusta llevar un abrigo bonito, con mi gorro y mis guantes. Y me gusta la nieve. Y el chocolate caliente. Y que haga frío para así poder achuchar a alguien para entrar en calor. Que tienes cosas buenas, de verdad. Que no eres tú, que soy yo. Que me canso muy pronto del frío, será por mis raíces, por mi vena sureña. No lo sé. Sólo te pido que me entiendas. Y que, a pesar de todo esto, no te enfades. Ni intentes fastidiarme en primavera y, mucho menos, en Semana Santa. Que tu tiempo ha sido largo, que te hemos disfrutado, que lo hemos pasado muy bien, pero ahora ya te toca esperar al año que viene, por favor. No seas egoísta y sé amable, ayuda a la primavera a que tengamos una buena estación, con sus características correspondientes. Sin síntomas de que tú puedes estar presente. Te prometo que te recordaremos y que nos acordaremos de los buenos momentos que nos has dado.
Invierno, que tú también me alteras. Y mucho. Pero, cariño, a mi la manera en que me altera la primavera, me encanta. Que no eres tú, que soy yo.