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Lunes, qué poquita gracia tienes, hijo. 
Que nosotros te considerábamos como un buen día para empezar nuevas metas, para levantarnos y, sin pensarlo, ir al gimnasio. Y en vez de comernos una barrita de chocolate en el camino, comernos una manzana. Porque, también, empezaríamos la dieta. Porque es el día que más cosas decidimos, pensamos y queremos hacer. Pero hijo, nos ayudas muy poco.
Porque no estás en un buen lugar, porque dicen que hay que empezar la semana con ganas, que hay que coger el lunes con fuera. Y blablabla. Pero es que venimos de días muy duros. Que el viernes lo devoramos todo como si se fuese a acaba el mundo, pero el sábado queremos que sea eterno. Y entonces el domingo lo dejamos para hacer lo que se nos quedo pendiente. Por eso, entiéndeme, el lunes estamos reventados. No tiene mayor explicación, es así, está comprobado. 
Si fueras festivo, amigo, otro gallo cantaría. Te haríamos la ola desde que empiezas hasta que acabas y, por una vez, ni siquiera querríamos que acabases. Que así te cogemos con más ganas, que nos levantamos con una sonrisa y queremos devorarte como si fueses un viernes. O un sábado. O un domingo. Qué más da, el caso es que te devoramos. Porque si, porque tú, festivo, si molas. Y lo sabes. 
Es un inicio de semana, no una semana cualquiera. Es un lunes después de toda una semana santa buena, con sol y con buena compañía. Es un lunes que da inicio a la vuelta a la rutina, a tener que estudiar para todo lo que se nos viene encima, para los exámenes una vez más, para pasar calor con los síntomas de verano. Un lunes que cuesta, y mucho. Y, encima, un lunes de despedida. No es fácil, no. Pero también es un día perfecto para coger fuerzas, decir que sí y lanzarse. Lanzarse y no parar hasta el domingo, cuando hayamos conseguido aquello que nos propusimos un lunes que no teníamos ganas de nada. 
Que lo único bueno que tienes es que hay personas que sí, que ayudan. Que hacen de un lunes “no guay”, no festivo, uno mejor. Porque a pesar de lo duro que es empezar un lunes, de pensar en lo larga que va a ser la semana y en todo lo que se nos viene encima, ellos, con poquito, nos hacen pensar que los lunes no son tan malos como parece.

Y mira, en el fondo, puede que tengan razón.