Hoy estaba viendo fotos y, de repente, encontré una que me hizo recordar muchos momentos. Quizás diréis que estoy chalá, quizás diréis que soy una exagerada o quizás algunos ni lo entenderéis. Pero a mi, me hizo recordar. Desde ya, os aviso que solo entenderán esto, principalmente, los Esteponeros, porque sino es difícil…
Señores, estuve buscando en el baúl de los recuerdos y encontré buenas fotos. Fotos, nada más y nada menos, que en PLATÓ 68. Venga, no os engañéis, seguro que habéis leído el nombre y también se os han venido millones de recuerdos.
Aquellos tiempos en los que íbamos a la fuente. Bendita fuente. Ese fantástico lugar donde podíamos beber hasta que quisiéramos, podíamos relacionarnos con todos, podíamos vivir millones de momentos y donde poníamos inicio a una buena noche. Algunos abandonaban ahí, pero otros aguantaban hasta aquello que llamaban “Plató”. Estaban los que compraban la entrada en el puerto e iban en taxi hasta allí. Y también estaban aquellos valientes que iban andando y arriesgaban la noche en entrar o no entrar. Cómo recuerdo la tensión que se tenía minutos antes de entrar. Sobre todo si eras menor. Me dejarán o no me dejarán. Los chicos en camisa y pantalones largos, que ni pintaos. Las chicas aguantando con los tacones hasta pasar al portero, donde ya estás sana y salva, y donde te puedes bajar de esos centímetros para seguir aguantando de la noche. Qué momentos.
Tiempos donde tu mejor amigo, de repente, era el portero “negrito”. Chiquitito pero matón. O del grande. Qué más da. La cosa era tener contactos. Entrar gratis era todo un reto. Y sino, a pagar. Qué mas da. La fiesta ya había empezado y había que acabarla dentro. Sea como sea. Y una vez dentro, ¡que no pare la fiesta!. Si tenias pulsera eras el posturita que se asomaba desde arriba super sobrao, que bajaba las escaleras con su copita. Y sino, pues te quedabas abajo, con todo el mogollón. Eso sí que molaba. Y, como no, pedirle tu canción favorita a Mike Martin. Que te la pusiera o no era otra cosa. Pero tú, tu amiga, y vuestro ciego, se la pedíais. Y ya si, encima, la ponía. Apaga y vámonos.
El baño. Qué os digo del baño. Llegar hasta él era todo un reto. Y una vez allí, reza para que no hubiese cola. Y sino, te hacías amiga de la que estaba allí, vendiéndote Chupa Chups, clinex… tenía hasta colonia. Y papel higiénico. Una vez más, si tienes contactos, tienes contactos. El conseguir un buen trozo de papel sin tener que dar ni un céntimo era una maravilla. Y si, encima, te regala un Chupa Chups, has hecho la noche. ¡Que no pare la fiesta! Los chicos, incluso acababan haciéndose fotos con el que les repartía todo eso a ellos. Su grado de ciego era un poco mayor. O simplemente es que son así. A su manera.
Que suene la canción que quieras, que tú la bailas. Que te pides la consumición de regalo, a lo mejor te la tiras encima, a lo mejor se la tiras al de al lado o, a lo mejor, con suerte, consigues bebértela entera. Todo depende del grado de borrachera. Nunca se sabe. Aunque para despejarse, siempre era bueno salir un rato. El momento de salir y ponerse el sello era divertido. ¡La de risas que se podían dar los porteros al vernos salir y entrar!. Un cigarrito para los que fumen, una vueltecita para los que no. Un poquito de aire fresco, unas risitas… y pa’ dentro. Pero, ¡OJO! más te valía tener cuidado al bajar las escaleras, más de uno las ha bajado rodando. Aunque bueno, si estás desde abajo y lo consigues ver de pleno, no está tan mal. Lo digo por experiencia.
¡HASTA QUE SALGA EL SOL! Decían. O hasta que paren la música y te toque salir. Eso solo lo vivían aquellos valientes que eran capaces de aguantar hasta el final. Con un par. Ese momento de parar la música, de decir “menuda noche”, y de seguir bailando aunque sea con la música del móvil. O con tu amigo cantando. Lo que sea. Y entonces, pa’ la calle. ¿A casa? JAJAJAJA No. El Doopies estaba muy cerquita. Y la maestranza también. O donde sea. La cuestión era desayunar. Que la noche había que acabarla así. Que sino no se sale. ¿O no?. Pues ahí íbamos todos, las chicas sin maquillaje, con el rímel corrido, sin pintalabios, con los tacones en la mano… Los chicos, no, no os libráis. Era un reto si os conseguíais mantener de pie. La camisa por fuera. Los botones desabrochados. O cojos. Incluso estaban los que no llevaban ni camisa, imagínate. También, aquí, me pregunto qué pasaría por la mente de los camareros cuando nos veían ahí sentados a todos. Juntos pero separados. Cada uno en su mundo, en su borrachera. Venga jiji y jaja. Risa es lo que le entraría al camarero. Digo yo.
Llegar a casa también era un reto. Menos mal que en Estepona está to al lado y nos vamos andandito. Que andar a las ocho de la mañana, con un buen ciego, tampoco está mal. Que hay que despejarse y disfrutar del amanecer, hombre. Que ya tendremos tiempo de dormir. Y de recuperarnos de la resaca. Para eso ya estaba el ibuprofeno.
Millones de momentos. Millones de risas. De bailes. De cantos. De borracheras. Millones de entradas gratis. Millones de copas al suelo. De ropa a la lavadora al llegar a casa. Millones de lágrimas. De risa. Claro. O de pena, si ya vas mas ciego de lo normal. Millones de recuerdos, en general. Sólo tengo buenos, la verdad. Que yo aun sigo mirando atrás, sigo pasando por delante de Plató y digo “Qué grande”. Cuánto hemos vivido ahí y cuánto tendremos que contarle a nuestros hijos.
Brindo, un día cualquiera, por un sábado cualquiera pasado allí. O viernes. O jueves. O cualquier día que abriese. Brindo por las veces que no nos dejaron entrar y tuvimos que irnos al puerto. Como plan B. Brindo por las veces que nos colamos gratis. Por los super bailes. Por los grandes Dj’s que nos llevaban. Por cambiarnos de color las pulseras cada día, para que no hagamos el “chanchullo”. Brindo por las buenas noches. Por las grandes colas. Brindo por las noches inolvidables y, encima, en zona VIP. Y por el Chupa Chups que alegra la noche. Brindo por el bendito Plató. Y, sobre todo, brindo por todos los recuerdos que se quedan para siempre. Y por lo que queda por venir.
Porque, ¿quién no tiene la esperanza de que vuelva a abrir algún día? Chin chin.



