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Es viernes y para mí parece que es un lunes eterno. Los días pasan y yo solo quiero que se pare el tiempo. O que retroceda al mes de mayo. También es una opción. Y que vivamos en un verano continuo. Sin frío. Sin preocupaciones. Sin tener que mirar la hora ni el calendario.
Pero, de repente, despiertas de ese sueño que te has imaginado durante unos segundos. Y llega. Llega el maldito septiembre. Y, con él, las despedidas. Y, con él, la hora de marcharse. Supongo que habrá gente que tenga ganas de que llegue septiembre. Incluso habrá gente que lo tendrá como mes favorito. Yo, en cambio, es uno de los que más odio. No por nada, sino por todo.
Pero entonces te das cuenta que no tienes más remedio. Que no existe una máquina del tiempo que te dirija a otro mes. Ni una especie de aparato que detenga el tiempo por un momento. Ni siquiera existe la opción de saltar este mes y continuar en otro. No, quítatelo de la cabeza. Así que eso hago. Y es entonces cuando intento imaginar el lado bueno de septiembre.
¿Qué tiene de bueno? Pues la verdad es que encuentro pocas cosas. Pero con un poquito de esfuerzo, buscando en el baúl de los recuerdos, he dado con algunas cositas. 
Piénsalo. Es septiembre. Pero también llega el olor a libros nuevos, la felicidad de comprar todos los materiales una vez más, de rellenar los datos en la agenda. Y, sobre todo, de comprarte la mochila más chula que había en la Papelería Técnica.
Sí, septiembre. Y el cambio de armario. La ropa de “entretiempo”. Lo que significa comprar ropa nueva. Estrenar. ¡Qué felicidad! Dejar el bikini es duro, pero con un día de compras todo se pasa.
Septiembre. Y las despedidas. De tus seres queridos. De los amigos de verano. Pero piensa que si miras hacia delante te encuentras con los de invierno. Con los que hacen las lluvias más amenas. Y los días de clase más divertidos. Que los de invierno llegan, pero la verdad es que nunca se fueron. Ni con un verano de por medio. Al igual que no se irán los de verano, por mucho que llueva.
Llega septiembre, un nuevo año. Que en realidad solo es un nuevo curso. Llega septiembre y la incertidumbre de los nuevos profesores, de las nuevas asignaturas, de lo nuevo. Pero llega septiembre y, con él, un montón de oportunidades. De experiencias. De sueños. 
Supongo que habrá más cosas buenas. Seguro. Aunque ahora mismo no caiga o no quiera recordar. Pero las habrá. Así que solo me queda llenar la maleta de fuerzas, ganas, risas, paciencia, suerte y esperanza. De momentos inolvidables, grandes recuerdos. De besos, sonrisas y abrazos. Por si acaso. Y, después de todo, mirar al frente y pensar: 
Que venga lo que tenga que venir, que ya estoy preparada.