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Quedemos. Quedemos para hablar. Para hablar de lo que sea. Entre nosotros. Cara a cara. Boca a boca. No dedo a dedo. Quedemos para hablar y que la sed cobre protagonismo. Y dejemos por un momento descansar a los dedos. Descansar de esa maldita pantalla. Cámbialo por utilizarlos para recorrer mi cuerpo. Y no dejarte ni un solo lunar. Quedemos para hablar, tú conmigo, yo contigo. En persona, con una cerveza. O dos. Quedemos para vernos las caras sin esa pantalla de por medio. Donde de verdad sabemos lo que piensa el otro con solo mirarle. Quedemos. Venga. Quedemos para que me guiñes el ojo y yo pueda enloquecer inevitablemente. Para que me lo guiñes tú, y no ese maldito icono. Para hacer locuras sin tener que publicarlo en Twitter. Sino porque simplemente tú y yo queremos, sin importar lo que el resto piense. Quedemos para hacernos fotos juntos, y no por separado para demostrar que nos echamos de menos. Para qué echarnos de menos, si podemos tenernos cara a cara. Quedemos para poder estar en silencio, mirándonos el uno al otro, sin importar la última conexión. Quedemos. Por favor. Quedemos en nuestro lugar favorito, sin poner ubicación. Sin tener que preguntar. Sin importar si hay wifi o no. Quedemos para contarnos todo, para hablar de nosotros, de ellos o del de enfrente. Para hablar de miles de momentos compartidos, o de los que aun quedan por venir. Quedemos para abrazarnos. Para besarnos. Quedemos. Sí, quedemos para que me digas al oído “Me gustas”, y que no lo tenga que saber a través de una notificación. O para que lo cambies por el “Me encantas”, porque en tu vocabulario sí que existe. Quedemos para sentir la vida, pero viviéndola. Sabiendo realmente lo que nos rodea, lo que nos espera, lo que hay. Quedemos para que me mires a los ojos y sepas lo que quiero decirte sin que diga nada. Quedemos, ¡hasta sin megas!. Porque, pa qué, si te tengo a ti delante. Si puedo buscar entre tus ojos todo eso que me encanta. Quedemos. Venga. Atrévete. Quedemos. Tú, yo, nuestras ganas, nuestros gestos. Todo. Deja en casa eso que nos atrapa. Y venga, quedemos. 

Sin la preocupación de que se acabe la batería.