Más abrazos y menos WhatsApp, por favor. No nos damos cuenta, pero los abrazos son una de las mejores cosas que pueden existir en esta vida. Y encima, gratis. ¡Qué más podemos pedir!. Ese abrazo que te quita los miedos. Que te recompone de una batalla perdida, y que te hace ganar todas las demás. Ese abrazo que aparece al acabar el peor día de tu vida, para mejorarlo. Y ese abrazo que se da sin ningún motivo, simplemente porque sí, porque apetece. Esos abrazos que se reciben sin pedir. Soy totalmente aficionada a los abrazos por detrás, aquellos que te producen escalofríos. Y con los que, sin querer, cierras los ojos. Esos abrazos que te dejan sin respiración, y que te reconstruye por dentro. Que te llenan de energía para enfrentarte al mundo. Para comértelo. Que saben ser sol, cuando ahí fuera todo está nublado. Y que hacen un verano de cualquier viernes frío.
No nos damos cuenta, pero deberíamos regalar más abrazos. Es el mejor regalo que le puedes hacer a alguien. Esa capacidad que tiene un abrazo de hacerte sentir la persona más grande del mundo, no tiene precio. Esa manera que tiene de sentirte en lo más alto, de sentirte llena, con ganas, con fuerza. Dime, dime cómo podemos estar aquí parados, pudiendo estar ahí fuera regalando todos los abrazos del mundo. Sin pensarlo, sin planearlo.
Al mundo le faltan abrazos y le sobran intenciones. Y ya sabes, que estamos en la edad perfecta para quedarnos con la culpa, no con las ganas.
Así que venga, abraza.
