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Cada vez que veo un avión por ahí arriba, me imagino las miles de despedidas que tuvo ese aeropuerto. Pero, sobre todo, me imagino la cantidad de bienvenidas que habrá al otro lado. Cada lágrima de felicidad, cada abrazo con sabor a reencuentro que te saca la mejor de tus sonrisas. Me imagino cada beso a aquellos que esperan al otro lado.
Cada vez que veo un avión me acuerdo que tengo guardados abrazos que abarcan ciudades y una caja con todos los besos que debo. Y cómo no, que tengo preparada mi mejor sonrisa para cuando os vea. 
Me acuerdo de que estoy intentando hacer dieta para poder comer cada uno de los roscos de estas navidades. Y que estoy escribiendo la carta a los Reyes Magos, porque este año me he portado muy bien. Bueno, ‘requetebien’.
Me imagino cada cita planeada en cualquier lugar, con los de siempre. Me acuerdo de lo apretada que tengo la agenda y lo feliz que eso me hace. Me imagino bailando y tomándome un trago de ginebra para aliviar un poco la garganta de tanto canto. 
Me acuerdo de lo poco que queda para adornar las mesas y brindar por un año más. Para vivir nuevos momentos en eso que llaman hogar, que quedarán siempre en el recuerdo. Me imagino al niño cantando mi número en la lotería y uff, si me tocara la lotería…
Cada vez que veo cualquier avión volando por lo más alto, me acuerdo que ya tengo la maleta preparada y un billete en mis manos. Y una sonrisa de oreja a oreja. 
Porque vuelvo, ¡vuelvo a casa por navidad!