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Después de idas y venidas, de comentarios por delante y por detrás, de miradas de arriba a abajo, de prejuicios, de historias mal contadas y otras inventadas. De mira qué color de pelo más feo o mira la falda qué corta la lleva.
Después de intentar ser quien querían que fuese, de intentar gustar, de quererme cada vez menos y de no saber ni quién era, me topé conmigo misma.

Y de repente, yo.

De repente supe que si no me quiero yo, no me podía querer nadie. Y que todo lo que digan me lo puedo pasar por donde yo quiera si soy quien quiero ser. Porque lo digo yo y punto. Supe que la falda seguiría yendo corta si así era como me apetecía en ese momento, y que mi pelo era especial, y a mi me gustaba así.

Y cuando me encontré conmigo, supe que para que me quisieran, primero me tenía que querer yo.

Y así hice.