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A veces hay personas que no se dan cuenta de todo lo que haces por ellas. Porque su orgullo y su interés, probablemente, valgan mucho más.

Hay veces que no dudas ni un segundo en dar tu mano a quien la necesita, veces en las que buscas por cielo y tierra algo para ayudar, para que les sea más fácil el camino, veces en las que tú puedes estar peor pero sacas fuerzas para hacer ese favor que te han pedido. Sin pensártelo ni una sola vez.

Y lo haces porque te sale, porque eres así, porque tu corazón tiene algo ahí dentro que te hace ser de una forma u otra, sin importar lo que luego puedan hacer por ti.

Pero entonces llega un momento en el que necesitas una mano, o dos, en la que necesitas ese favor de alguien, un abrazo, un apoyo o cualquier otra cosa. En la que necesitas a alguien. Y entonces te das cuenta que puedes estar con muchas personas, pero que en realidad eres con muy pocas.

Y que aquí todo el mundo va a su bola menos tú, que deberías ir a la tuya. Y que está bien ser buena, pero que después de una bala, pueden venir dos. Y entonces pasas de ser buena a ser tonta. Y eso ya no mola tanto.

Por eso, piensa en ti y acertarás.
A veces hay que ser un poco egoísta. Aunque parezca que no, te irá mejor.