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No es suerte, es trabajo, ganas y mucho esfuerzo.

Me hace gracia cuando la gente dice qué suerte has tenido, mira dónde has llegado. Qué suerte, te está yendo muy bien. Qué suerte, has conseguido esto y lo otro. No, no es suerte, porque no ha salido de la nada, ha salido porque te lo has currado y porque has luchado por ello.

Porque detrás de toda esa suerte hay horas de trabajo, días en los que no podías más y momentos en los que casi te rindes, pero no lo has hecho. Hay ilusión por encima de cualquier miedo, hay heridas en las rodillas de algún que otro bache pero también hay paciencia y voluntad para seguir, aun con todo. Hay lágrimas, pero también hay un puñado de sonrisas de esas que te empujan a seguir adelante. Y hay ganas, muchas.

Por eso, cuando me hablan de suerte, les digo que no tienen ni idea. Porque lo cierto es que yo no creo mucho en eso. La suerte va mucho más allá de tirar una moneda y que te toque eso que querías. La suerte depende de muchas cosas cuando lo que está en juego es tu vida y los sueños por cumplir. La suerte no vale nada si te dispones a quedarte en tu cama tirado esperando que todo salga como esperas.

La suerte, por si no lo sabes, no se busca.
La suerte se crea, se trabaja y al final llega sola.