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Me has salvado.

Me has dado tu mano cuando me estaba ahogando en ese vaso de agua, cuando todo lo tenía encima y yo creía que no podía salir de ahí, cuando estaba pasando por una de esas rachas de las que tanto hablan.

Cuando no quería hablar con nadie llegaste tú, me llamaste y te quedaste al otro lado del teléfono sin decir ni una sola palabra, y sin darte cuenta me sacabas una de esas sonrisas que arreglan el día. Así, sin más. Consiguiendo hacer fácil lo que parecía difícil. 

Porque me salvas de mis miedos, de mis nubes negras, de mis rarezas y mis calentamientos de cabeza, de cuando estoy más allí que aquí, y de esos días en los que no puedo más. Porque llegas tú con tu sonrisa y le das la vuelta al día, y entonces todo parece que vuelve a merecer la pena.

Y es que llegaste tú justo cuando yo estaba a punto de tocar el suelo. Y desde entonces ya no tengo tanto miedo.