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Gracias, de verdad, a los que se quedaron porque quisieron. A los que se quedaron aun con todo. A los que supieron afrontar miedos, baches, caídas y un sinfín de cosas.

Gracias a los que saben sacarte una sonrisa cuando no puedes más, a los que saben quedarse a tu lado cuando lo único que necesitas es compañía, aunque sea en silencio. A los que consiguen animarte ese día que estás por los suelos y que todo lo ves muy negativo. A los que acuden a la primera llamada de emergencia, a veces incluso antes de recibirla.

Gracias a los que saben escuchar, aunque el audio sea de más de un minuto y a las tantas de la mañana. A los que saben decirte la verdad aunque duela, a los que te abren los ojos. A los que no solucionan los problemas pero se quedan a tu lado para afrontar lo que venga. A los que intentan arreglar el mundo con una cerveza o un buen vino, donde sea.

Gracias a los que te quieren, a los que te agarran bien fuerte cuando lo necesitas, a los que merece la pena tener cerca.

Gracias a los que supieron curarte y unir cada uno de tus pedacitos cuando te habían roto por dentro, cuando te habían decepcionado. Gracias a los que te entienden, sobre todo cuando has tenido un mal día.

Gracias a los que saben estar, y también ser. Siempre. A los que a veces casi ni se les ve pero sabes que nunca se irán, pase lo que pase, seas como seas y estés donde estés. Gracias a los que te hacen más grande, a los que pueden cambiarte, pero siempre a mejor.

Gracias a los que definen la palabra amistad, pero de verdad. De principio a fin, letra por letra, sin dejarse nada por el camino.