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Muchas veces me preguntan que a qué se dedica mi padre. Pues bien, te diré…

Mi padre ha sido bombero cuando el cocinado se nos ha ido un poco de las manos, taxista aquellas noches que nos tenía que recoger a las tantas, que teníamos que ir a un lado o a otro. Ha sido psicólogo para cualquier problema de adolescencia, fontanero cuando el wc no tragaba, repartidor de sonrisas en los días grises, abogado para defender hasta lo indefendible, pintor de paredes en dos días, número uno en mudanzas. Ha sido profesor de cualquier asignatura, de cualquier curso, economista cuando no nos salían los números, manitas para todo tipo de boquete en la pared a cualquier hora, piloto cuando hemos querido volar a lo más alto, socorrista cuando la ola era más grande de lo normal. Es experto en paciencia, risas, abrazos y besos sonados. Y mejor aún, está disponible las 24 horas, los 365 días del año. ¡Mi padre es un superhéroe sin capa!

Ha sido de todo, de lo que es y de lo que aprendía al instante por nosotros, para que no nos faltara de nada, para que todo fuera bien.

Y con todo esto, hace la mejor profesión de todas. Esa profesión que no trae manual de instrucciones, ni estudios, ni nada. Pero que es la que mejor se le da, la de ser PADRE. En mayúsculas.

Gracias, PAPÁ. Por todo.
De mayor quiero ser tú.